QEEG completo
Una exploración amplia de la actividad eléctrica cerebral desde múltiples localizaciones. Puede resultar útil cuando necesitamos obtener una visión más extensa del funcionamiento o para orientar determinados procesos de intervención.

El QEEG nos permite mirar más allá de los síntomas y del diagnóstico para explorar cómo está funcionando el cerebro de esa persona. Al integrar esa información con su experiencia y su perfil neuropsicológico, podemos comprender mejor el caso y orientar de forma más personalizada los siguientes pasos.
Existen patrones de actividad EEG que aparecen con mayor frecuencia en determinados cuadros clínicos. Sin embargo, dos personas con síntomas o diagnósticos similares pueden mostrar formas diferentes de organización de su actividad cerebral.
Por eso, el objetivo del QEEG no es buscar en el cerebro una etiqueta diagnóstica. Analizamos aspectos como la potencia y distribución de los distintos ritmos cerebrales, la frecuencia del ritmo alfa, las asimetrías entre regiones o determinados patrones de conectividad para entender cómo está funcionando ese cerebro en particular.
Estos datos adquieren significado cuando los ponemos en relación con lo que la persona experimenta y con lo que observamos en la exploración neuropsicológica. Este cruce de información puede aportar elementos para aclarar el diagnóstico diferencial y, sobre todo, identificar qué aspectos del funcionamiento merece la pena abordar y cómo orientar la intervención.
El resultado no es solo un mapa cerebral. Es una pieza más para comprender mejor a la persona y construir una ruta de trabajo adaptada a su funcionamiento, sus dificultades y sus necesidades.
Del registro eléctrico al mapa funcional
Las neuronas generan actividad eléctrica que puede registrarse desde el cuero cabelludo mediante un electroencefalograma (EEG). El QEEG —electroencefalograma cuantitativo— analiza matemáticamente esa señal para estudiar cómo se organiza la actividad cerebral durante el registro.

Podemos observar, entre otros aspectos, la potencia y distribución de los distintos ritmos cerebrales, la frecuencia del ritmo alfa, posibles asimetrías entre regiones y determinados patrones de conectividad.
El resultado nos ofrece una perspectiva sobre el funcionamiento cerebral que no obtenemos únicamente a través de lo que la persona siente, recuerda o puede explicar sobre sí misma.
Pero un mapa cerebral no cuenta una vida ni define una identidad. Es una fuente de información que necesita contexto para adquirir significado.
No buscamos una etiqueta, buscamos comprender un funcionamiento
Existen patrones de actividad EEG que aparecen con mayor frecuencia en determinados cuadros clínicos. Sin embargo, personas con síntomas o diagnósticos similares pueden mostrar formas diferentes de organización de su actividad cerebral.
Por eso, el objetivo no es buscar en el mapa la confirmación de un diagnóstico. El QEEG puede ayudarnos a explorar patrones, formular hipótesis y contrastarlas con el resto de la información disponible.

Cuando existen dificultades de atención, regulación, sueño, activación o funcionamiento cognitivo, podemos mirar desde distintos lugares: la experiencia y la historia de la persona, sus síntomas, su perfil neuropsicológico y, cuando tiene sentido, su actividad eléctrica cerebral.
Por ejemplo, una dificultad de atención puede aparecer en el contexto de un TDAH, pero también relacionarse con ansiedad, falta de sueño, agotamiento, trauma, dolor, medicación u otros factores. El QEEG no confirma ni descarta por sí solo un diagnóstico de TDAH. Puede aportar información que, integrada con el resto de la exploración, ayude a comprender mejor qué está ocurriendo en esa persona.
Encontrar un patrón diferente no significa haber encontrado la causa de un síntoma.
Los datos adquieren significado cuando los ponemos en contexto
Un QEEG genera una gran cantidad de información. Pero más datos no significan necesariamente una mejor comprensión.
Interpretamos el registro en relación con la historia clínica, los síntomas, la exploración psicológica y neuropsicológica y las variables que pueden influir en la actividad cerebral en ese momento.
Sueño, agotamiento, nivel de activación, medicación, sustancias, estrés prolongado o determinadas estrategias de adaptación pueden influir en el registro. Por eso nos interesa no solo qué aparece en el mapa, sino si lo que observamos es coherente con otras fuentes de información y qué relevancia puede tener para el motivo de consulta.

Nuestro enfoque da especial importancia al análisis de la propia organización funcional de la persona y al cruce de información entre distintas pruebas y observaciones clínicas. No se trata simplemente de decidir si un valor se encuentra dentro o fuera de una supuesta normalidad.
Esto es especialmente importante cuando hablamos de neurodivergencia.
Un funcionamiento cerebral diferente no es necesariamente un funcionamiento cerebral disfuncional. El objetivo no es hacer que un cerebro se ajuste a un modelo determinado de normalidad, sino comprender qué características de su funcionamiento pueden ser relevantes para esa persona, en ese momento y en relación con las dificultades que experimenta.
La pregunta, por tanto, no es únicamente “¿qué es diferente?”, sino “¿qué significado tiene esta diferencia para esta persona?”
Aportar información sin sustituir otras miradas clínicas
Síntomas similares pueden aparecer por razones diferentes y un mismo diagnóstico puede expresarse de formas muy distintas entre personas.
El QEEG puede aportar información complementaria que ayude a formular o contrastar hipótesis dentro de una exploración más amplia. No sustituye el diagnóstico médico ni otras pruebas necesarias, y sus hallazgos no deben interpretarse de manera aislada.
Cuando intervienen otros profesionales, el objetivo es que la información obtenida pueda integrarse con su valoración. Cada disciplina observa una parte del problema; el valor aparece cuando esas piezas pueden ponerse en relación.
No siempre necesitamos medir lo mismo
Más datos no significan necesariamente una mejor evaluación. Elegimos el tipo de registro según la pregunta que necesitamos responder.
Una exploración amplia de la actividad eléctrica cerebral desde múltiples localizaciones. Puede resultar útil cuando necesitamos obtener una visión más extensa del funcionamiento o para orientar determinados procesos de intervención.
Registros más breves y focalizados que pueden ser suficientes cuando la pregunta que queremos explorar es concreta.
Mediciones dirigidas a determinadas variables para establecer un punto de partida, estudiar una cuestión específica o seguir su evolución.
La mejor exploración no es la que más mide, sino la que aporta la información necesaria para responder a la pregunta que tenemos delante.
Y, en algunos casos, podemos concluir que un registro neurofisiológico no aportaría información suficientemente relevante y que es preferible utilizar otras herramientas.
De la pregunta clínica a la interpretación
El registro es no invasivo y no doloroso. Los electrodos recogen la actividad eléctrica cerebral: no introducen electricidad ni estimulan el cerebro.
Partimos del motivo de consulta, la entrevista, la historia disponible y las preguntas que queremos explorar. El QEEG no empieza colocando electrodos: empieza definiendo qué información necesitamos.
El registro se realiza en consulta mediante un gorro con electrodos. Habitualmente obtenemos actividad en reposo con los ojos abiertos y cerrados y, cuando la pregunta lo requiere, podemos incorporar otros registros o tareas.
Analizamos las características relevantes de la señal y las ponemos en relación con la historia clínica, los síntomas, la exploración psicológica o neuropsicológica y las variables que pueden haber influido en el registro.
Explicamos qué hemos observado, qué significado puede tener, cuáles son los límites de esa interpretación y cómo puede contribuir a orientar los siguientes pasos de la evaluación o de la intervención.
Acude con el cabello limpio y completamente seco, sin aceites, gomina, espuma u otros productos capilares.
También recogeremos información sobre sueño, medicación, cafeína y otras variables que puedan influir en el registro. No suspendas ni modifiques tu medicación por tu cuenta.
Comprender primero para decidir cómo intervenir
El objetivo de la exploración no es terminar con un mapa cerebral, sino comprender mejor qué puede estar sosteniendo las dificultades de esa persona y utilizar esa información para orientar el trabajo posterior.
Por eso no partimos de una técnica predeterminada. Integramos la información del QEEG con la historia clínica, los síntomas, la exploración neuropsicológica y la evolución de la persona para construir una hipótesis funcional y decidir qué objetivos tiene sentido priorizar.
En algunos casos, una parte importante del trabajo puede estar en la neurorregulación, combinando psicoterapia y neurofeedback y, cuando es necesario, intervenciones somáticas. En otros, puede ser prioritario trabajar sobre la historia traumática y su reprocesamiento, recuperar determinadas funciones cognitivas, desarrollar estrategias compensatorias o abordar factores como el sueño, la activación o la capacidad de autorregulación.
Estas líneas de intervención no son necesariamente excluyentes. Una misma persona puede necesitar distintas estrategias en diferentes momentos de su proceso.
Por ejemplo, en personas con una historia psiquiátrica compleja puede ser importante trabajar simultáneamente sobre la regulación cerebral, emocional y corporal, mientras la psicoterapia permite comprender y elaborar la experiencia. En determinados procesos relacionados con trauma, la recuperación de funciones como la atención, la memoria o las funciones ejecutivas también puede formar parte del tratamiento. Y en otros cuadros, las dificultades cognitivas pueden convertirse en un objetivo relevante dentro de una intervención más amplia.
El QEEG no decide el tratamiento. Nos aporta información que, integrada con el resto de la exploración, puede ayudarnos a decidir mejor.
Ese es el sentido de trabajar desde una perspectiva personalizada: no aplicar el mismo protocolo a personas que comparten un diagnóstico, sino construir una intervención coherente con su historia, sus síntomas, sus recursos y su funcionamiento en ese momento.
La tecnología está al servicio de la comprensión clínica y de la persona, no al revés.
No hacemos mapas para buscar anomalías que corregir.